
Vista del viaducto que atraviesa las hoces. Foto Charo Díez.
El domingo, 1 de junio, amaneció totalmente encapotado y con una lluvia fina pero persistente que nos acompaño toda la jornada. A pesar de todo, a las 8:00 horas, cogimos nuestras mochilas y nos dispusimos a hacer la ruta de las Hoces del Riaza para la cual es necesario pedir un permiso a la guardería del parque.

Cruzando el río. Foto Charo Díez.
El primer tramo recorría los mismos ambientes que el día anterior, pero a partir de la ermita de Casuar el paisaje cambió. Ante nosotros se extendía una mancha impenetrable de encinar donde se dejaban oir los Rabilargos (Cyanopica cyanus) y las Currucas carrasqueñas (Sylvia cantillans). Y donde encontramos bonitos ejemplares de raras orquídeas, y los troncos de las encinas cubiertos por líquenes dándoles un aspecto navideño.



A partir de aquí las hoces se estrechan dando lugar a paredes verticales de gran desnivel, donde pudimos localizar otro Búho real (Bubo bubo) y otro nido de Alimoche (Neophron percnopterus). Ante nuestros ojos se dejaba ver el viaducto que cruza las hoces, mientras caminabamos entre quejigos a cuyos pies fructificaban algunos hongos.

Calabacitos (Helvella leucomelaena)
Ya se estaba haciendo largo el recorrido para algunos cuando alcanzamos la presa del pantano de Linares. El bus nos esperaba a unos 300 metros, pero todavía nos quedaron fuerzas para ver Escribanos montesinos (Emberiza cia) y Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).
Eran las 16:00 horas y con la satisfacción de los deberes hechos y los planes cumplidos dimos por terminada nuestra visita a este maravilloso enclave. Aún nos quedaban 4 horas de viaje de vuelta a casa.
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